En el mundo, un millón de botellas de plástico son compradas a cada minuto, ese número debe aumentar en 20% para 2021.

Uno de los mayores problemas del plástico, es que su producción requiere el uso de recursos no renovables, que contribuyen para el cambio climático. Las botellas de plástico están hechas de un derivado del petróleo conocido como polietileno tereftalato (PET). Además, los combustibles fósiles se utilizan durante toda la vida útil de una botella, desde su transporte, almacenamiento y disposición final.

Otro problema con el plástico es que su mayoría no es biodegradable, sólo degradable. La biodegradación es cuando el objeto es descompuesto (digerido) por organismos vivos. A través de bacterias y hongos, el objeto puede ser naturalmente reciclado en nuevas moléculas orgánicas. Por otro lado, la degradación es sólo el proceso de descomposición en partículas más pequeñas.

Puede tardar hasta 1000 años para que una botella de plástico se degrade. Pero, por no ser biodegradable, los pedazos más pequeños de plástico (microplásticos) permanecerán en el ambiente para siempre.

Muchas botellas de plástico acaban siendo descartadas de forma inadecuada. Muchas de ellas terminan estancadas en vertederos, liberando sustancias químicas tóxicas para el medio ambiente. Además, la mayor parte del plástico acaba por llegar al océano. Incluso el plástico en tierra acaba siendo soplado o lavado (por la lluvia) hasta un cuerpo de agua. El plástico se mueve entonces en las redes de drenaje o ríos y, eventualmente, fluye hacia el océano.

Los animales como pájaros, peces u otros animales acuáticos pueden confundir el plástico en el océano por comida. Una vez que el plástico es ingerido por un organismo, puede moverse a lo largo de la cadena alimentaria. La ingestión de plásticos puede causar un gran número de consecuencias negativas a largo plazo, incluso para los seres humanos.

¿Qué podemos hacer con todas esas botellas de plástico?

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